Árbol de Sangre

Cuando salvar el mundo exige arrancar sus mentiras de raíz

Hay novelas de fantasía que construyen un mundo para que el lector pueda perderse en él. Nidia Heras hace algo algo más ambicioso: levanta Eridium para que descubramos, poco a poco, que muchas de las estructuras que lo sostienen, desde la corona hasta las profecías, las tradiciones y sus símbolos sagrados, esconden secretos mucho menos luminosos de lo que aparentan.

Árbol de sangre entra en escena con el ropaje reconocible de la romantasy, pero pronto comienza a explorar cuestiones más profundas, como la violencia heredada, el abuso de poder y la facilidad con la que una sociedad puede convertir a personas inocentes en sacrificios cuando alguien decide llamarlas "elegidas".

Cada siete años, el oráculo revela los nombres de los nueve guerreros más poderosos de Eridium, llamados, según la versión oficial, a contener a los nekrul y volver a sellar el portal. Son los Eldûrien, vinculados al Árbol de sangre mediante una marca. Sobre el papel, les espera el honor y el reconocimiento. En la práctica, se enfrentan a una misión de la que pocos esperan que regresen mientras el rey, la corte y buena parte del pueblo contemplan su destino desde una distancia bastante más segura. El heroísmo siempre parece más sencillo cuando debe ejercerlo otro.

Senna Dariel no tiene ninguna intención de convertirse en mártir de nadie. Es desconfiada, sarcástica, orgullosa y mantiene una relación bastante estrecha con la desobediencia. También carga con una infancia marcada por la violencia, la muerte de su madre y unos recuerdos incompletos que condicionan su manera de relacionarse con el mundo.

No es la típica protagonista que descubre que estaba destinada a hacer grandes cosas y abraza encantada su cometido. Senna lo cuestiona, se enfada, manipula, se equivoca y, cuando resulta necesario, enseña los dientes.

Esa falta de docilidad es una de las mayores virtudes de la novela. Nidia Heras permite que su protagonista sea contradictoria, imperfecta y, en ocasiones, difícil de acompañar. Senna desea sobrevivir y no siempre elige el camino más noble para conseguirlo. Su fortaleza no consiste en no tener miedo, sino en continuar avanzando mientras ese miedo le aprieta la garganta.

Gracias a una narración en primera persona muy cercana, asistimos tanto a su furia como a los pensamientos y vulnerabilidades que intenta ocultar tras ella. Esa proximidad ayuda a comprenderla incluso en aquellos momentos en los que sus decisiones pueden resultar cuestionables.

A su alrededor se construye un grupo deliberadamente inestable. Los nueve Eldûrien no forman una familia instantánea ni descubren de repente las bondades del trabajo en equipo. Existen diferencias sociales, prejuicios, rencores y luchas por el liderazgo. La expedición comienza como una obligación compartida y solo encuentra cierta unidad cuando sus integrantes empiezan a decidir por quién están verdaderamente dispuestos a luchar.

Dentro de esas relaciones, Maya termina convirtiéndose en el corazón emocional del libro. Su vitalidad, su humor y su capacidad para imaginar un futuro contrastan con el fatalismo de Senna. La amistad entre ambas aporta algunos de los momentos más humanos de la historia y demuestra que el vínculo más importante de una novela no tiene por qué ser necesariamente el romántico.

Eso no significa que falte romance. La relación entre Senna y Adriel reúne muchos de los ingredientes que busca el público del género: enfrentamientos, tensión, heridas compartidas, recuerdos perdidos y una química capaz de alterar cualquier escena en la que coinciden.

Lo interesante es que, bajo sus provocaciones, existe una historia previa que transforma el aparente enemies to lovers en algo más doloroso y emocional: el reencuentro de dos personas que fueron refugio la una para la otra antes de que la vida decidiera separarlas de la peor manera posible.

También resulta interesante la manera en la que la novela juega con la diferencia entre intensidad, protección y control. El vínculo con Leo, el príncipe de Astrian, complica la imagen del heredero encantador. Leo demuestra gestos genuinos de bondad, pero mantiene una lealtad hacia la corona que condiciona algunas de sus decisiones.

Su capacidad para aplacar las emociones ajenas mediante el contacto, especialmente cuando la utiliza sin permiso, convierte la magia en una forma muy concreta de ejercer poder. La novela plantea así una cuestión relevante: hasta qué punto una intención aparentemente buena puede justificar la invasión del espacio emocional de otra persona.

El mundo de Eridium entra primero por los ojos. Bosques convertidos en laberintos, un reino subterráneo de hielo, el río de los muertos, un umbral suspendido entre la vida y la muerte y árboles de hojas carmesí forman una imaginería muy cinematográfica.

Cada territorio posee una identidad propia y, lo que resulta más importante, no funciona únicamente como decorado. Los lugares conservan las heridas de quienes los gobernaron y permiten cuestionar la historia oficial contada desde Astrian.

La autora despliega una mitología abundante y ambiciosa. Hay pueblos, dioses, criaturas, variedades de magia, profecías y numerosos nombres propios que aparecen durante los primeros tramos de la novela. Esto exige cierta atención por parte del lector, aunque buena parte de esa información termina encontrando su lugar a medida que avanza la historia.

Aquí, los libros y las leyendas no son un simple elemento de ambientación. Funcionan como guardianes de la memoria y ayudan a conservar o recuperar verdades que el poder ha intentado borrar.

La prosa es especialmente efectiva en las escenas de acción y en la creación de atmósferas. Nidia Heras escribe con una mirada muy visual y consigue que el peligro tenga textura, temperatura y olor. Es sencillo imaginar muchos de sus escenarios convertidos en imágenes, algo que refuerza el potencial cinematográfico de la novela.

En algunos momentos, especialmente durante la primera parte, el ritmo podría beneficiarse de una ligera poda, aprovechando la metáfora que la propia historia pone en bandeja. Algunos entrenamientos, enfrentamientos emocionales y conflictos sentimentales se prolongan más de lo necesario, y ciertas ideas se explican en varias ocasiones.

Hay emociones que ya funcionan por sí mismas y no siempre necesitan una frase adicional para quedar claras. Una edición algo más contenida habría permitido que determinadas escenas respiraran mejor y que los momentos decisivos ganaran todavía más fuerza.

También se percibe cierta diferencia de ritmo entre sus dos grandes partes. La salida de Astrian se hace esperar, pero, una vez iniciado el viaje, las revelaciones, las muertes y las traiciones comienzan a sucederse con bastante velocidad.

Esta aceleración mantiene la lectura viva y aumenta la sensación de peligro, aunque en algunos momentos deja poco espacio para asimilar emocionalmente ciertos golpes. Algunas revelaciones habrían agradecido unas páginas más de reposo antes de que llegara el siguiente giro.

El final no busca ofrecer una resolución completa. En lugar de cerrar la historia, abre definitivamente el conflicto que llevaba oculto bajo ella. Es un desenlace que funciona como el verdadero inicio de una trama más amplia y que puede dejar con ganas de respuestas a quienes esperen una novela completamente autoconclusiva.

Sin embargo, cumple bien su objetivo principal: reinterpretar buena parte de lo leído y situar a Senna en un punto emocional y narrativo muy distinto de aquel en el que comenzó.

Árbol de sangre es una historia con voz propia, ambición y un corazón emocional reconocible. Bajo sus profecías, sus escenas románticas y sus criaturas de pesadilla, habla de personas a quienes otros han intentado definir, utilizar o sacrificar.

También habla de lo difícil que resulta construir una identidad propia cuando incluso los recuerdos, las emociones y las verdades sobre las que has construido tu vida han podido ser manipulados.

Nidia Heras riega su fantasía con sangre, rabia, deseo y ternura. El resultado es una novela que todavía puede afinar algunos aspectos de ritmo, pero que también posee raíces profundas, personajes capaces de despertar emociones y un mundo con suficientes secretos y llamas como para querer descubrir todo lo que está por venir.

Por Manu G Carrasco.



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