Spider-Man: Brand New Day

Tom Holland encuentra por fin a Peter Parker
De todos los actores que han interpretado a Spider-Man en la gran pantalla, Tom Holland siempre ha parecido uno de los elegidos más naturales para vestir el traje. Su formación como bailarín y su experiencia con la gimnasia le permiten comprender la agilidad del personaje de una manera que pocos intérpretes han conseguido. Pero su mayor virtud nunca ha sido únicamente física. Holland también posee esa energía nerviosa, luminosa y contagiosa que ha convertido al trepamuros en un icono capaz de conquistar a distintas generaciones.
Por eso resultaba extraño que, después de tres películas, todavía no hubiéramos visto al actor interpretar completamente a Peter Parker.
La trilogía ambientada en el instituto tuvo muchas virtudes. Aportó frescura, ritmo y una ligereza juvenil que las anteriores versiones cinematográficas apenas habían explorado. Sin embargo, en su necesidad de diferenciarse de las encarnaciones más recientes del personaje, Marvel Studios también decidió alejarse de algunos elementos que aquellas películas habían entendido perfectamente.
Especialmente las dirigidas por Sam Raimi.
La trilogía protagonizada por Tobey Maguire sabía que Spider-Man no trata solamente de poderes, villanos y balanceos entre edificios. También habla del deseo, la renuncia, la culpa y los sueños que se escapan mientras intentas convertirte en adulto. Su melodrama podía ser exagerado, incluso descaradamente sentimental, pero era precisamente esa intensidad emocional la que hacía que Peter Parker pareciera real.
El Peter de Holland y la MJ de Zendaya, en cambio, vivían dentro de una realidad bastante más cómoda. Su mundo tenía estructura de comedia juvenil, tecnología ilimitada y acceso directo a los juguetes del hombre más rico del planeta. Peter no era exactamente millonario, pero sí el heredero elegido de Tony Stark, instalado dentro de una fantasía en la que el dinero podía fabricar cualquier solución.
Marvel necesitó tres películas para sacar al personaje de aquella jaula dorada.
Y menos mal que lo hizo.
Los primeros quince minutos de Spider-Man: Brand New Day, dedicados a presentarnos la nueva vida de Peter, funcionan como una auténtica revelación. La película supone un regreso a casa para el personaje, incluso más profundo que el de aquella primera cinta que llevaba precisamente la palabra Homecoming en el título.
Por primera vez, Holland puede interpretar todas las caras de Peter Parker: la alegría, el dolor y la tristeza.
Esa combinación es la que convierte su crecimiento en algo reconocible para cualquiera que alguna vez haya tenido que hacerse adulto a golpes. Cuando la película se concentra en las emociones desordenadas, incómodas y profundamente melodramáticas de Peter, MJ y Ned, encontramos al mejor Spider-Man de Tom Holland.
Un Spider-Man tan sólido que consigue sostener incluso buena parte del equipaje del Universo Cinematográfico de Marvel que el estudio vuelve a colgar de sus telarañas.
Un héroe que ha renunciado a vivir
Brand New Day funciona, en cierto modo, como una recopilación de los grandes temas de la trilogía de Raimi. Aquí encontramos a un Peter Parker que ha renunciado al amor, a la amistad y prácticamente a cualquier relación humana para dedicarse por completo a ser Spider-Man.
Al final de Spider-Man: No Way Home, Doctor Strange borró de la memoria del mundo entero la existencia de Peter Parker. MJ y Ned incluidos.
Antes de que se realizara el hechizo, Peter prometió que volvería a encontrarlos y que les explicaría quién era. Sin embargo, después de perder también a la tía May a manos del Duende Verde, tomó una decisión diferente: mantener su identidad en secreto y cargar en solitario con el peso de Spider-Man.
Cinco años después, Peter ha cumplido esa promesa de aislamiento.
MJ y Ned han continuado con sus vidas, felices y ajenos a todo lo que compartieron con él. Ambos estudiaron en el MIT y finalmente regresaron a Nueva York. Peter, por su parte, vive milagrosamente en un destartalado apartamento, pese a que no parece tener otro trabajo conocido que perseguir delincuentes disfrazado con unas mallas rojas y azules.
Durante el sol, la lluvia y la nieve, lo vemos combatir a villanos y sobrevivir al paso de las estaciones. Sus únicos compañeros habituales son la detective Jean DeWolff, interpretada por Liza Colón-Zayas, y un Punisher armado hasta los dientes al que Jon Bernthal vuelve a dotar de una intensidad extraordinaria.
Peter intenta convencerse de que esa vida es suficiente.
La mentira se derrumba en cuanto vuelve a ver a MJ.
El reencuentro provoca una crisis de identidad emocional en la que su cuerpo parece rechazar la soledad antes incluso de que su mente pueda procesarla. Peter Parker vuelve a convertirse en ese neoyorquino neurótico que puede enfrentarse a monstruos gigantes, pero no sabe qué decirle a la chica que ama.
Como si eso no fuera suficiente, aparece en la ciudad una nueva y misteriosa amenaza interpretada por Sadie Sink. Revelar demasiados detalles sobre su personaje supondría entrar directamente en territorio de spoilers, aunque probablemente muchos espectadores descubrirán su identidad bastante antes de que la película confirme sus sospechas.
Un Spider-Man más humano y más cinematográfico
Spider-Man: Brand New Day es la primera entrega del personaje dentro del UCM dirigida por Destin Daniel Cretton. También es la película de Spider-Man visualmente más interesante desde los tiempos de Sam Raimi, y no parece una casualidad.
Cretton observa el mundo de Peter Parker con una mirada más tranquila y medida. Conserva el humor característico de Marvel, pero lo rodea de grises, negros y claroscuros emocionales. La película entiende que la vida de Spider-Man puede ser divertida y espectacular sin parecer un anuncio permanente de juguetes.
Los balanceos por Manhattan son excelentes, pero lo verdaderamente especial es que la cámara se permite respirar junto al personaje. Peter puede detenerse a observar la ciudad, recordar a MJ o disfrutar de una pequeña victoria antes de que el siguiente desastre aterrice sobre su cabeza.
Nueva York vuelve a sentirse enorme, hermosa y terriblemente solitaria.
Holland también parece dominar mejor al personaje que nunca. Durante largos fragmentos de la película permanece detrás de la máscara y se apoya únicamente en su lenguaje corporal. Su manera de moverse posee algo de comedia física clásica, casi chaplinesca, una influencia que el propio Cretton ha reconocido.
Ese trabajo corporal permite recuperar una parte esencial de Spider-Man: su capacidad para transformar cada pelea en un espectáculo de improvisación.
Peter Parker puede hundirse en la tristeza, pero Spider-Man entra en una habitación y la llena de energía. Sus bromas no son únicamente infantiles. También son una defensa, una forma de controlar el miedo y evitar que el peso de su vida termine aplastándolo.
Cuando todo se está derrumbando, Spider-Man cuenta un chiste.
No porque no le importe, sino porque le importa demasiado.
Peter y MJ, el corazón de la historia
Otro de los grandes aciertos de la película aparece cuando Holland vuelve a compartir escenas con Zendaya.
Peter y MJ han sido durante décadas una parte esencial de la mitología de Spider-Man, por mucho que algunas decisiones editoriales hayan intentado separarlos. La química entre ambos actores, casados también en la vida real, refuerza todavía más el núcleo emocional de Brand New Day.
La ironía es deliciosa: en su cuarta película juntos, la pareja debe interpretar a dos completos desconocidos. Al menos desde el punto de vista de MJ.
Esta inversión del melodrama clásico, donde no es el protagonista quien ha perdido la memoria sino el mundo entero, convierte cada silencio y cada mirada en algo dolorosamente significativo. Peter recuerda cada momento que compartieron. MJ no recuerda absolutamente nada.
Él contempla una historia de amor.
Ella ve a un extraño ligeramente incómodo que parece saber demasiado sobre su vida.
Independientemente del camino que siga la narración, el subtexto resulta evidente. Peter y MJ continúan siendo el destino emocional de esta historia, incluso aunque el universo entero se empeñe en mantenerlos separados.
Por eso resulta frustrante que Brand New Day no se atreva a permanecer completamente dentro de ese conflicto humano.
La película funciona mejor cuando Peter intenta reconstruir, de manera torpe y desesperada, su relación con MJ y Ned mientras busca la forma de reconciliar ese deseo con su vida como Spider-Man. Sin embargo, estamos ante una superproducción de Marvel, y eso significa que también deben aparecer villanos, grandes escenas de acción y varias semillas cuidadosamente plantadas para futuras películas.
Sin entrar en detalles, buena parte del metraje termina ocupada por asuntos bastante alejados del dilema principal de Peter. La cinta se convierte por momentos en una plataforma para presentar nuevos territorios, personajes y misterios del UCM.
La revelación relacionada con Sadie Sink empuja el tercer acto hacia una saga completamente distinta. Aunque la actriz ofrece una interpretación convincente y mantiene con Holland una química más peligrosa e imprevisible, su presencia también evidencia las obligaciones industriales de la película.
Cuando Brand New Day quiere hablar de Peter Parker, emociona.
Cuando quiere anunciar las próximas cinco producciones de Marvel, la telaraña empieza a llenarse de nudos.
Demasiadas piezas sobre la mesa
La acumulación de elementos provoca que algunas ideas especialmente interesantes queden abandonadas en los márgenes. Entre ellas se encuentra la forma en que el cuerpo de Peter comienza a reaccionar a su ansiedad, sus traumas y sus bloqueos mentales.
El guion de Chris McKenna y Eric Sommers plantea conceptos capaces de profundizar en las consecuencias psicológicas de todo lo ocurrido, pero su necesidad de atender demasiados frentes impide que varios de ellos encuentren un desarrollo adecuado.
También aparece Hulk, interpretado nuevamente por Mark Ruffalo, en una participación tan innecesaria como claramente diseñada para fabricar unos segundos llamativos de tráiler. Su inclusión añade otra pieza a una película que ya estaba haciendo malabares con demasiados platos.
Aun así, quienes presten atención encontrarán incluso una aproximación más interesante al arquetipo del Lagarto que la mostrada en The Amazing Spider-Man.
El verdadero invitado de lujo es Punisher.
A diferencia de otros personajes introducidos para construir futuras franquicias, Frank Castle encaja de manera natural en este mundo. Una de las grandes virtudes de los cómics de Stan Lee, Steve Ditko, John Romita y Jack Kirby era que Nueva York parecía una ciudad gigantesca y, al mismo tiempo, un pequeño barrio para los superhéroes.
Todos terminaban cruzándose tarde o temprano.
Convertir al atormentado Frank Castle en una especie de compañero de trabajo desequilibrado y permanentemente armado de Spider-Man es una idea brillante. Bernthal aporta calidez, rabia y humanidad incluso en sus pocas escenas.
Su relación con Peter tiene algo absurdo, peligroso y sorprendentemente entrañable. Son dos hombres rotos que han elegido formas radicalmente distintas de enfrentarse al dolor.
Spider-Man intenta salvar a todo el mundo.
Punisher ha dejado de creer que todo el mundo pueda salvarse.
De esa fricción nace una de las dinámicas más interesantes de la película.
Tom Holland sostiene la telaraña
El elemento humano que Holland comparte con Bernthal, Zendaya y Jacob Batalon representa la mayor fortaleza de Spider-Man: Brand New Day.
Existe un denominador común bastante evidente: Tom Holland.
Cuando la película confía en él, cuando le permite explorar las contradicciones de Peter Parker y deja de tratarlo únicamente como una pieza dentro de la maquinaria del UCM, Brand New Day despega.
No todo funciona. El exceso de conexiones, personajes y promesas de futuro impide que la historia alcance toda la profundidad emocional que parece buscar. Marvel continúa teniendo problemas para contar una película sin convertirla también en el escaparate de otras cuatro.
Pero, bajo todas esas capas de planificación industrial, existe una historia sencilla y poderosa.
La de un joven que salvó el mundo y, como recompensa, fue borrado de la vida de todas las personas que amaba.
La de un héroe que decidió convertir la soledad en sacrificio porque creyó que mantenerse lejos era la única forma de proteger a los demás.
La de Peter Parker intentando descubrir si todavía queda una vida para él debajo de la máscara.
Después de años interpretando a Spider-Man, Tom Holland recibe por fin la oportunidad de interpretar plenamente a Peter Parker.
Y era justo ahí donde se escondía el verdadero poder del personaje.
Por Manu G Carrasco.
